No lo sabía, pero era lo que estaba haciendo.
Me estaba vengando por el tiempo perdido, por la incógnita eterna, por aquel quizás inoportuno, por todas las noches que deseé con todas mis fuerzas ser ella.
No fueron las circunstancias las que fueron injustas con nosotros y nuestra turbulenta historia. No fuiste tú, ni tampoco fui yo. Fue mi subconsciente. Mi malvado subconsciente, que se negaba a perdonarte aún cuando ya había pasado todo, aún cuando ya sólo éramos tú y yo y nadie más que tú y yo.
Me había convertido en ti.
No lo sabía, pero intercambiamos los papeles y me había convertido en ti de la misma forma que tú te habías convertido en mí.
Yo, frío. Yo, egoísta. Yo, insensible. Yo y mi mundo. Yo y mis problemas. Yo, yo, yo, y nunca tú.
Y tú, esperando. Tú, esperando por mí. Tú, esperando a que me diese cuenta de que no eras el enemigo, de que todo había cambiado, de que solo éramos tú y yo y nadie más que tú y yo.
Hasta que llegó el límite.
Hasta que dejaste de esperar.
Hasta que dijiste que volvían a ser ella y tú y nadie más que ella y tú.
Hasta que me di cuenta de que me había estado vengando, de que no me había dado cuenta hasta ahora, pero que era eso lo que había estado haciendo.
Y me arrepentí. Y me di cuenta de que ya pasó. Que no había nada que pudiera hacer ya para arreglarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario