Yo todavía llevaba algo de amor encima antes de escuchar aquella frase.
"Pasará lo que tenga que pasar", dijo. Frío. Indiferente. Como si no le importase que desapareciéramos, que no volviéramos a hablar. Y realmente ya no le importaba. No respondí. Me despedí y colgué el teléfono.
Me bajé del bus, y el amor que llevaba encima lo dejé allí, sobre un incómodo asiento de plástico.

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