Un blog en el que más que un diario es la vida de un loco en forma escrita cosas sin sentido que aquí lo tienen en mi sitio
miércoles, 22 de abril de 2015
SI ALGUNA VEZ PASÓ, SI COINCIDIMOS ALGUNA VEZ.
Debió ser hace mucho tiempo. Si llegamos a conocernos, ya no sé hasta qué punto fue, ni hasta qué rincón. Los días han ido pasando casi sin darme cuenta, poquito a poco, sigilosos, tal y como te fuiste, y ahora de ti no recuerdo más que un par de anécdotas absurdas que tampoco vienen al caso.
martes, 7 de abril de 2015
Un final de verdad
Nunca había probado un final de verdad, así que no sabía cómo eran ni a qué sabían. Lo cierto es que antes había habido otros, muchísimos otros, pero supongo que esos finales no hacían honor a su nombre.
Ahora que ha pasado el tiempo he llegado a comprenderlo. Un final de verdad, un final de finales, es eterno y nunca vuelve a repetirse. Pensándolo bien, los finales se parecen un poco a los principios. Tampoco vuelven a repetirse jamás. Probablemente eso fue lo que lo estropeó todo, nuestro incansable afán por volver a ese punto. Ojalá lo hubiéramos sabido antes de perder el deseo, la atracción, la pasión, el amor y la inocencia por el camino.
Ojalá. Cómo odio esa palabra. Es la forma elegante que tiene la gente de decir que algo no tiene remedio. Y ciertamente no lo tiene. Y nos da igual. Porque esto es un final de verdad. Y ahora sé que un final de verdad es no saber de ti, es que no sepas de mí, y que ya no nos importe a ninguno de los dos.
Prefiero los principios. Cualquiera opinaría lo mismo que yo. Los principios siempre saben a algo. Los principios son dulces y adictivos. Los finales no. Los finales no saben a nada. A absolutamente nada.
Ahora que ha pasado el tiempo he llegado a comprenderlo. Un final de verdad, un final de finales, es eterno y nunca vuelve a repetirse. Pensándolo bien, los finales se parecen un poco a los principios. Tampoco vuelven a repetirse jamás. Probablemente eso fue lo que lo estropeó todo, nuestro incansable afán por volver a ese punto. Ojalá lo hubiéramos sabido antes de perder el deseo, la atracción, la pasión, el amor y la inocencia por el camino.
Ojalá. Cómo odio esa palabra. Es la forma elegante que tiene la gente de decir que algo no tiene remedio. Y ciertamente no lo tiene. Y nos da igual. Porque esto es un final de verdad. Y ahora sé que un final de verdad es no saber de ti, es que no sepas de mí, y que ya no nos importe a ninguno de los dos.
Prefiero los principios. Cualquiera opinaría lo mismo que yo. Los principios siempre saben a algo. Los principios son dulces y adictivos. Los finales no. Los finales no saben a nada. A absolutamente nada.
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